Shusako and Dormu Dance: teatro japonés de alta escuela

Como gran collage teatral, que abarca y utiliza mimo, expresión corporal, danza, pintura y música, y logra un aprovechamiento increíble del espacio escénico. Para Shushaku, creador de este colectivo teatral lo abstracto emerge de dentro de su alma artística.
Con sólo ocho personas (cuatro de ellas, músicos), sin escenografía de ningún tipo, pero sirviéndose al máximo de la estructura y posibilidades del recinto, sin texto y dejando vía libre constantemente a la improvisación, a la sorpresa, a la complicidad en ocasiones provocada, del espectador, este colectivo, formado por artistas japoneses, ingleses, alemanes y holandeses, refleja lo que hay de común al hombre en las diversas etapas de la historia. Y lo hace con llamadas constantes al superrealismo, con el uso de recursos teatrales nipones dentro de una clara occidentalización y con el complemento de una música en directo que, en muchos momentos, se convierte en pieza básica del espectáculo."A través de la música, danza, mimo y expresión corporal, comparamos el pasado, el presente y el futuro para demostrar que son círculos muy interrelacionados, que siempre hay algo común", señaló Shusaku Takeuchi. "En todas las etapas, el ser humano es el mismo. El desarrollo, el avance tecnológico satisfacen algunos de sus deseos, pero siempre hay otros, y por eso se genera frustración", añadió el director de Angel core, que es también actor y bailarín.
Para Shusaku, el enfoque abstracto y superrealista que dan al espectáculo se explica "porque intentamos que lo pueda ver la gente desde más puntos de vista; no queremos mostrarle ningún camino ni forzarle a conclusiones concretas, sino facilitar elementos para que participe, para que llegue a sus propios resultados". El artista japonés asegura que la comparación entre pasado, presente y futuro "lleva a conclusiones pesimistas, pero no apáticas; el espectáculo es enérgico, agresivo; a través de ese pesimismo se pueden extraer constantes positivas como el amor, la ternura, etcétera".
Sus obras son una suma de sorpresas e imprevistos que tiene al espectador en vilo, que le mete de lleno en el montaje. Un ejemplo de su puesta en escena sería esta: los actores aparecen y desaparecen por los pasillos de los teatros, se mezclan entre el público, aparecen colgados a cuatro o cinco metros de altura, y en posiciones casi horizontales. Shusaku, vestido con un traje blanco de señora y con la cara pintada de blanco, abre la puerta trasera de teatro. Calle, escenario y público asistente siempre se quedan en una contínua comunicación, en unos vasos comunicantes. Los peatones no pueden hacer otra cosa que sorprenderse, Este artista japonés busca hacer cómplice al espectador de lo que ocurre, transmitirle, a través del mimo, la música y la expresión corporal, angustia, desesperación, ternura, inquietud, miedo o esperanza. Todo ello, con gran simplicidad de medios, con una perfecta utilización del espacio escénico y sin recursos artificiales.
Algún día espero ver esta maravilla.
