Yayoi Kusama

Publicado en por Kenji

 

 

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Visones obsesivas, visones que se acumulan de poco en poco y rebasan la frontera del infinito. Da vértigo asomarse  a un mundo de estas características; verlo en forma de arte sorprende  y nos adentra en el mundo de una pequeña mujer que mora a través de nuestros propios ojos.


Desorientado es el calificativo que podría ponerle a la sensación que deja en mí la obra de Yayoi Kusama. Esa desorientación lo impregna todo. Reflejos en espejos que son como laberintos del que el yo no puede escapar. Una constante repetición de  acciones que se expanden sobre la mente, imágenes que suben y suben niveles y cada vez es más complejo poner el pie en otro peldaño de la realidad alternativa que encontramos bajo nuestros pies.


La artista es consciente de su propia obsesión y su trabajo comienza a parecer una alucinación febril. Sus manos se extienden sobre el espectador, nos toca las sienes y el lento masajeo nos acerca a un universo en el que mujeres jóvenes y desconocidas se acercan lentamente a nosotros, para desaparecer al instante.


Su mundo no es triste, es feliz. Un homenaje a la vida, a la tierna infancia, a la alocada adolescencia que se escurre entre sus manos, una simple y llana idealización de los jóvenes que día a día luchan en primer plano contra la madurez. Un gran pilar rebosante de oscuridad subyace bajo los protagonistas de sus obras. Las destrucción debe ser parada de inmediato y cuando la aniquilación y la amenaza de un nuevo orden acecha, esa pequeña capa de bardiz  casi imperceptible nos hace ver que solo estamos a un paso de romper la fina barrera . Cuando nos damos cuenta, serpientes amarillas se vuelven aliadas y luchan con negras sombras. La decadencia a muerto, su esencia se ha esfumado, para dar paso a un dulce momento, saboreando vida.

 

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Etiquetado en Ilustradores japoneses

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