Hiroshi Sugimoto, fotógrafo japonés

Publicado en por Kenji





Conocido como uno de los artistas nipones más importantes de las últimas décadas Hiroshi Sugimoto (Tokio, 1948). Sus muestras y exposiciones recorren buena parte de las experimentaciones que el fotógrafo realizado con objetos de carácter escultural, espacios arquitectónicos y elementos de diseño, todos los cuales siempre le han ayudado a expandir las cualidades abstractas que posee la percepción, en virtud del tiempo, espacio y el movimiento. Co su fotografía de bodegones arquitectónicos ha hecho auténticas marivallas y algunas de sus obras diría que están cerca de un oscuro  y vivo sentimiento  abstracto y dibuja con luz conceptos difíciles de plasmar una imagen.

Este fotógrafo japonés graduado en la St. Paul´s University de Tokio y en el Art Center College of Design de California siempre nos muestra  en sus imágenes la manera en que  se entrelazan asuntos relacionados con el arte, la historia, la ciencia o la religión. Trabaja casi siempre en blanco y negro, con cámaras de gran formato y teniendo como referencias la pintura del decide  concentrarse en unos cuantos temas que concibe como series abiertas, monográficos susceptibles de ser completadas a lo largo de varias décadas de investigación y en los distintos escenarios de sus viajes. Fruto de este proceso son las series de los dioramas de cera, iniciada en 1976; sus series de teatros y autocines, en la que se percibe cierta influencia de Dan Flavin y Carl André ; la de arquitecturas contemporáneas, en la que retrata edificios emblemáticos como la Torre Eiffel, el World Trade Center, el Chrysler...; la de los Budas Budhisattava Kannon de Kyoto; o la de marinas, que lleva a cabo en mares de distintos países. En el 2001 recibe el Premio Internacional de Fotografía de la Hasselblad Foundation. Entre sus fotos individuales más destacadas están la del Deutsche Guggenheim, Berlín (2000); la del Center for Contemporary Art, Kitakysuhu, Japón (1998); la de la Art Gallery of York University, Ontario, Canada (1998) o la del Metropolitan Museum of Art, Nueva York (1995-1996). Vive y trabaja en Nueva York.


Se ha dicho que para poder ver las imágenes de Hiroshi Sugimoto hace falta parpadear varias veces. Es tanto el tiempo acumulado en ellas, que de un solo vistazo no se consiguen apreciar en su totalidad. Este japonés afincado en Nueva York es uno de los primeros que se atrevió en presentar la fotografía como arte en la década de los setenta, cuando se consideraba una técnica de segunda categoría, y llenarla de conceptos heredados del minimal art y del arte conceptual que surgía en aquel momento.
Viajero incansable, su trabajo se basa en dos máximas: buscar la perfección técnica y mirar siempre más. Las series en las que se ha embarcado hasta ahora repiten motivos a lo largo de todo el mundo, en un intento de apresar el tiempo, la idea primigenia, los cambios imperceptibles de la naturaleza... sólo posible a través de un depurado proceso mecánico. El fenómeno de la percepción humana, ralentizado para entroncar directamente con nuestra mente.

Los dioramas de cera,  de 1976, es una reflexión sobre el modo de eternizar al hombre, su evolución y sus momentos memorables. Las figuras vuelven a la vida al presentarse como escenas reales, pero quedan paralizados en las instantáneas, muriendo en la fotografía, comenzando de nuevo el funeral.

La serie de teatros de los años veinte y treinta, y que continúa con la de los auto-cines (desde 1978), recoge claramente la influencia de Carl Andre (Quincy (Estados Unidos), 1935) o Dan Flavin (Nueva York, 1933 - Wainscott (New York), 1996): un rectángulo blanco central, que no es otra cosa que la captación de la proyección completa en la sala a oscuras. Captar todo, y al final no queda nada, sólo el brillo de la luz. Espacios que se repiten con ligeras diferencias en las sombras y en el brillo de la pantalla.

Las 48 tomas de los más de 1.000 Budas Budhisattava Kannon de Kyoto, revelan un caleidoscopio de esculturas brillantes del siglo XIII. El concepto de plenitud y eternidad de la cultura japonesa reflejado a través de su cámara, un nuevo campo de reflexión sobre el cambio con un trasfondo espiritual máximo.

La Torre Eiffel, el World Trade Center, el edificio Chrysler o el Empire State, entre otros, aparecen como una nebulosa. Sin ningún tipo de alusión a su entorno o a la vida que les rodea, estas fotografías remiten al proyecto mental del arquitecto, sin fallos, sin detalles superfluos. Por último, la serie más querida de Sugimoto. Vistas de diferentes mares. Sólo cielo y agua, con cambios casi imperceptibles según la situación geográfica, el tiempo atmosférico o la hora. Fotos que mantienen al artista despierto para poder indagar en la idea de transformación en el paisaje más imperturbable de la tierra.













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Tenma 08/20/2009 15:44

Buen repor!Grandes fotos!

Leire 08/20/2009 14:24

La foto de los relámpagos es impresionante. Alguna vez escuche su nombre y que hacía fotos sobre personajes históricos sin ellos y cuadros famosos.

Sora 08/20/2009 14:10

Que fotos!!!no conocía a este fotografo. Muy bueno, si señor!