Fotografía japonesa II: Kineo y Araki

Publicado en por Kenji

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El realismo de Kineo


Kuwabara Kineo retrata el Japón cotidiano de una forma natural, sin montajes o manipulaciones directas de la imagen. Es un fotógrafo del momento decisivo. Sus fotografías más antiguas, a partir de 1934, retratan un Japón, principalmente la ciudad de Tokio, que no existe más: sus calles sin pavimento, arrabales, vendedores ambulantes, etcétera. La mirada de Kineo recorre toda la sociedad japonesa: la escuela, el trabajo, el ocio, el teatro, la arquitectura, los juegos infantiles, escenas de manifestaciones masivas, etcétera. 

La mirada de Kineo es aquella de una cámara imperceptible, escondida, delante la cual las personas rara vez posan para las fotografías o miran al fotógrafo. Ver las fotos de  Kineo es pasar la mirada por el tiempo y lo cotidiano del pueblo japonés. Podemos penetrar un mundo que ya no existe en las apariencias modernas y al mismo tiempo podemos identificar los estereotipos existentes hasta el día de hoy en la sociedad japonesa. 

Un ejemplo son las ropas que usan los escolares, las cuales llaman inmediatamente la atención por el componente autoritario. Son, por lo general, negras y tienen resquicios militares. Podemos anticipar el Japón de hoy a través de las fotos de Kineo que ya mostraban en las escenas cotidianas ese ethos de la cultura japonesa.


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El realismo fantástico de Araki

PhotobucketAl final de este reportaje  encontrarás fotografías de Araki. Puden herir la sensebilidad de algunas personas por su contenido .



Nobuyoshi Araki, por el contrario, se despoja de formalismos, rigidez en la composición y uso de técnicas. Si Ueda es un fotógrafo de pocas fotos, Araki vive la obsesión de los tiempos modernos de producir y consumir muchas imágenes. Trabaja obsesivamente  y produce como una máquina creativa de fotografía. Para él, toda fotografía es susceptible de ser arte. Granulación, luz tenue, la descarga del flash en primer plano, las intervenciones de la foto, fotos banales, fotos meramente documentales, de alta definición, fotos conceptuales, paisajes bucólicos, historias personales, su propio acto sexual, la muerte, el sadismo, en fin, Araki es una síntesis de la fotografía japonesa.

Araki fotografía flores, fotografía ninfas en ropas de colegiala, fotografía su gato -protagonista de uno de sus libros- y también fotografía desnudos. Las estanterías de libros de fotografía en las librerías no especializadas están repletas de sus libros de desnudos de ninfas. Son ensayos semejantes a los que presentan revistas masculinas del tipo Play Boy, con la diferencia de que están en forma de libro y no contienen solamente una docena de fotos de la ninfa, sino unas cincuenta. Junto a los libros de desnudos hay libros de paisajes y fotos de la naturaleza, lo cual es otra obsesión.

Un fotógrafo hizo un libro de fotografías llamado My Diary, que era un diario sobre su cachorra, mes a mes, desde su nacimiento, pasando por su adolescencia, hasta el momento en que ella encuentra un marido cachorro y son felices para siempre, esto en gran formato y con un control de las tonalidades ceniza. 

Las obras completas de Araki, como fue llamada la antología de sus trabajos fotográficos realizados a la fecha, fue publicada completamente en veinte libros que contenían, cada uno, unas doscientas imágenes, es decir, un total aproximado de dos mil fotografías. 

Araki es un fotógrafo crítico y polémico. El ironiza en sus montajes a la sociedad japonesa en cuestiones relacionadas principalmente al cuerpo y a la sexualidad, con lo cual crea un clima de realismo fantástico; pasa algunas veces por la fótografía espontánea de poca calidad técnica, polaroid, y también por grandes producciones en estudio. Fotografía de todo, haciendo hasta de su gato un personaje, como acostumbra la fotografía japonesa, que escoge como temas gatos, cachorros y otros animalillos.

Araki es una figura perturbadora porque sus imágenes desnudan e ironizan a la sociedad japonesa y también por su imagen pública, siempre irreverente y pervertida. Sin embargo, a pesar de lo anterior, es el fotógrafo más popular de Japón. Camina por la calle como una estrella: las personas lo reconocen y muchas muchachas se ofrecen para que las fotografíe. Araki vive, respira y se alimenta de la fotografía.

Comprender su obra es comprender su vida, como el coito de los estafadores que cita Barthes para explicar la adhesión del significante al referente fotográfico; obra y vida son solo una cosa, explícitamente profunda, transparente pero inaccesible a la mirada ingenua; lo que explica por qué su obra alcanza gran popularidad. La fotografía de Araki es el significante de su vida, su referencia absoluta.

Jim Jarmusch hace el siguiente comentario sobre uno de los libros de Araki:

"Algunas veces, la belleza de las fotografías de Araki encubre grados de tristeza provenientes del acto de robar una imagen del mundo, deteniendo, extrayendo la fruición del tiempo que nunca puede ser interrumpido. Araki sabe que en todo ello hay una contradicción. El sabe que la conexión de los ojos con la memoria es la propia cámara.El sabe que la alegría se encuentra en la tristeza, que la muerte es parte de la vida. Araki comprende muchas cosas sin llegar a cuestionarlas, sin juicios. Araki puede ver la misma cosa que otras personas, pero la forma en que él ve para ellas es diferente de todo el mundo."

En una entrevista para Nam Goldin en la revista ArtForum, publicada en enero de 1995, él se proclama desobediente y añade que el fotógrafo revela a la muerte. En cierta forma, Araki tiene una visión purista al hacer hicapié que la fotografía en blanco y negro traduce la muerte y la de color, la vida. Dicha dicotomía es casi parte del sentido común; así como los maquilladores de cadáveres producen una atmósfera de vida, el último hálito de vida al colorear las figuras blancas, frías y sin sangre de los rostros aterradores de los difuntos, transforman el blanco y negro trágicos en suaves coloridos ilusorios.

El trabajo más bello y poético de Araki tiene por tema la muerte. Es la historia fotográfica de la vida junto a su esposa, que murió de cáncer en 1990. Es una intromisión en la intimidad del matrimonio, desde las actitudes comunes del día a día, en el retrete, escarbándose los dientes, teniendo relaciones sexuales, hasta imágenes  simples del hospital, de su mano que toma la de ella. Y la forma en que una narración lineal termina el ensayo final con fechas impresas en las imágenes, para dar un sentido cronológico, son los últimos meses de vida de ella.

En ese ensayo se resalta la presencia del gato familiar cuya foto aparecerá más tarde acompañando una escena en la que el retrato en vida de la mujer, en el santuario de la casa, está junto a la escena del féretro. Pocas fotos más adelante, el gato aparecerá solo, junto al santuario y encima de la cama. El gato representa la presencia de la mujer. Las escenas finales son nubes, polvo cósmico. 

Sus libros están siempre marcados por narraciones, muchas veces difíciles de penetrar a causa de su subjetividad y por las ambigüedades. Araki es su propio objeto fotográfico, narrado de manera egocéntrica.

Araki, crítico de la sociedad

La problemática de la censura japonesa a las fotografías, filmes y cómics, que usa mosaicos u otros artificios para ocultar al lector las escenas de sexo explícitas y las partes genitales fue irónica e inteligentemente abordada en un libro visual, de fotografías, realizado por Nobuyoshi Araki.

Lo que diferencia a Araki de la masa de fotógrafos japoneses -y ser japonés es ser potencialmente un fotógrafo- es su visión crítica de la sociedad japonesa.

En Obscenities, libro publicado en 1994, solo con fotografías en colores y usando iluminación artificial, intencionalmente pobre, con fotos tomadas con flash, para semejar las producciones baratas de los filmes pornográficos, Araki interviene en el post fotográfico de manera violenta, borrando frenéticamente las partes genitales y otras partes del cuerpo censuradas normalmente con los mosaicos en las revistas, filmes y manga. En varias de esas intervenciones estéticamente brutas y crudas, las mujeres están amarradas y los borrones se confunden con las cuerdas y producen una sensación de poder intervenir en el cuerpo femenino de forma obsesiva, de tener dominio sobre su cuerpo y su sexualidad. En cierta forma, eso traduce la obsesión japonesa de dominar la naturaleza en las prácticas del arte tradicional.

En una de las fotos, esa intención aparece cuando el borrón brutal envuelve, como si de una luz de neón se tratara, todo el cuerpo de una muchacha. Lentamente, la intervención, que podemos inferir que se trata de la metáfora de una laceración, comienza a aparecer simultáneamente en fotografías banales de lo cotidiano, donde algunos objetos icónicos son censurados también por los borrones brutales. 

En algunas escenas el propio borrón brutal adquiere la forma icónica de símbolos sexuales, volviéndose, de esta forma, una obscenidad en sí misma. Ya no interesa el objeto real, solamente su representación, al igual que en los mosaicos. Son las máscaras sociales y teatrales de la sociedad japonesa.

El borrón brutal interviene en todo, en la vida cotidiana, en las pantuflas, en los paquetes de cigarrillos, en el niño que la madre lleva en su bicicleta.Una afirmación de la extensión del mosaico en el diario vivir denuncia a una sociedad controlada y autoritaria. 

En las últimas fotos, una muchacha aparece vestida de quimono -una característica cultural que está presente en el imaginario japonés (y también en la fantasía occidental de la mujer geisha). Ella está con las piernas sutilmente abiertas, en contraste con las fotos anteriores donde el primer plano era de desnudos femeninos con las piernas ostenciblemente abiertas y, obviamente, los borrones brutales saltan a un plano simbólico entre el lector y la imagen, golpeando el cuerpo femenino e hiriendo nuestra propia mirada. De dentro de las piernas de la muchacha del quimono sale una burbuja de historieta en blanco que nada dice. La obscenidad como una actitud zen, amoral, sin palabras, el blanco que indaga es anárquicamente hermoso. 

En la última foto, el borrón brutal está fuera del cuerpo y totalmente a su alrededor. El cuerpo desnudo de la mujer está envuelto por una maraña de borrones brutales. Ella está serenamente cautiva y abierta al deseo obsceno de la mirada masculina; la obscenidad pasa a ser el propio borrón brutal que sobrevive fuera del cuerpo y signo independiente del imaginario japonés acerca de la sexualidad. 

Araki construyó una crítica visual sobre la visualidad obscena japonesa. Fotografiar es obsceno, ser fotografiado es obsceno, mostrar fotografías es obsceno, no mostrar fotografías es obsceno, ser capaz de ver las fotografías es obsceno, las fotografías son obscenidades, las obscenidades son bellas, dice él.

En 1996, el Tokyo Metropolitan Museum of Photography organizó una gran exposición que mostró la fotografía japonesa desde su inicio hasta el presente bajo el nombre de Japanese Photography: Form In/Out. La muestra fue publicada en tres libros junto con la exposición. Dicha publicación es una de las formas más fáciles, para los occidentales, de acceder a la fotografía japonesa. Kineo, Ueda y Araki son presencias clave de esa exposición y de la Historia de la fotografía japonesa.

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Etiquetado en Fotografía Japonesa

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fotografo profesional 08/12/2016 02:58

Me encantó el post, soy un gran aficionado de la fotografía japonesa y esa forma distinta y peculiar que tienen ellos de usar la cámara, a ver si poco a poco consigo algunos resultado parecidos

apual 05/20/2009 16:09

Muy bonitas las fotos de Kineo. Las fotos de Araki son bastante controvertidas pero tienen su encanto, sobre todo las últimas posteadas

Galadriel 05/05/2009 21:35

Es la primera vez que entro en el blog y me ha sorprendido que en un blog sobre anime se hable de fotografia japonesa, Enhorabuena. Me ha gustado mucho el reportaje. Vaya fotos.

Haruhi 05/05/2009 18:58

Bueno, no todo tiene que ser tan complejo, las fotos vistas con los ojos de personas que viven el el siglo XXI, son si me apuras bastante normales, pero hay que ponernos en Japón de 1960 O 1970 cuando Araki hice muchas de estas fotos. El impacto allñi debio de ser grande. Que alguien de su propio pais se oponga a costumbres milenarias, debe ser duro.

Kanna 05/05/2009 17:13

Me encantan las fotos de Kineo, siempre me ha atraído la idea de poder enseñarle a otros el mundo visto desde mis ojos y me parece muy difícil de conseguir.Este fotógrafo hace que veas escenas como si estuvieses allí viendo como pasa la vida y convirtiéndose en un espectador.Por otro lado, de Araki me llama la atención la originalidad de sus fotos de desnudos, no creo que tengan por qué escandalizar ya que el sexo es algo propio de nuestra naturaleza. Está bastante claro al ver algunas imágenes que hay muchas formas de llegar a las personas y de hacer crítica social.Muy buen reportaje de 2 fotógrafos que despiertan sentimientos.Enhorabuena.