Haruki Murakami: su otro yo

Publicado en por Kenji

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Haruki Murakami nació en Kioto en 1949. Estudió literatura en la Universidad de Waseda, y regentó durante varios años un club de jazz. Es uno de los pocos autores japoneses que ha dado el salto de escritor de culto a autor de prestigio y grandes ventas tanto en su país como en el exterior. Profesor en las universidades de Princeton y Taft, ha traducido al japonés a autores norteamericanos como Fitzgerald, John Irving, Carver o Salinger. Ha recibido numerosos premios, entre ellos el Noma, el Tanizaki, el Yomiuri y el Franz Kafka. Su obra, subyugante, imaginativa y lírica a la vez, es ya una referencia ineludible de la literatura mundial: Crónica del pájaro que da cuerda al mundo; Sputnik, mi amor; Al sur de la frontera, al oeste del Sol; Tokio blues. Norwegian Wood y Kafka en la orilla, así como el libro de relatos Sauce ciego, mujer dormida (II Premio Frank O'Connor). Con su novela After Dark (cuyo título alude, entre otras cosas, a la pieza musical Five Spot After Dark, de Curtis Fuller), Murakami da una vuelta de tuerca a su ya bien conocido universo, posa su mirada versátil en personajes solitarios y en encuentros accidentales que más parecen desencuentros, y capta una amenazadora pero difusa sensación de peligro que todo lo impregna, como la omnipresente música de fondo.


A Haruki Murakami le gusta la intimidad. Un gusto que casi raya lo patológico. No acude a fiestas. No recibe premios. No da conferencias. No da charlas, ni firma libros. Prácticamente no concede entrevistas, ni deja que lo fotografíen. "Tengo pánico a convertirme en una celebridad y tomo todas las medidas posibles para que eso no ocurra". "Lo que no quiero es que la gente me reconozca en el metro o no poder acceder a las tiendas de discos viejos en Estados Unidos".

Su afición por la música, sobre todo el jazz, puede rastrearse en todas sus novelas. Todo comenzó cuando a los dieciséis años sus padres le regalaron una entrada para un concierto (Art Blakey & the Jazz Messengers) por su cumpleaños. "Jamás había escuchado una música tan sorprendente, así que me volví un fanático del Jazz y más tarde un escritor al que el Jazz le enseño todo".

No escribió su primera novela hasta los 30 años, Hear the Wind sing. Tuvo la revelación de que podía dedicarse a escribir mientras veía un partido de béisbol. Durante una jugada clave, en el instante preciso en que el bateador golpeaba la pelota se le ocurrió la idea de ser escritor. " No tenía a nadie que me enseñase a escribir así que tuve que basarme en lo que sabía, que por entonces era la música " "Incluso hoy en día cuando me siento frente al teclado pienso que estoy ante un piano y me pongo a tocar". Hay numerosas apariciones de gatos en sus novelas. "Soy un amante de los gatos, los perros no me interesan nada".

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 Uno de sus escritores favoritos, aparte de los que traduce, es Manuel Puig y uno de sus libros favoritos es La traición de Rita Hayworth. "La debo haber leído infinidad de veces". Es un defensor de la cultura popular. Le encantan las series de televisión, las películas de terror, las novelas de detectives, la ropa de sport, las canciones pop..., ya que todo ello le sirve como nexo con los lectores. "Justamente lo que yo quiero es que la gente vea que lo que escribo no es forzado". Murakami presume de no tener de amigos a otros escritores y no está muy valorado dentro de su gremio en Japón. "Soy un mero trabajador, al que le gusta la cultura popular, mientras que la mayoría de escritores son unos snobs que ni yo les gusto a ellos ni ellos me gustan a mí". " ...Pero creo que voy ganando territorio porque aunque los otros escritores no están de mi lado, los lectores sí".

Es un gran corredor y triatleta. Sale a practicar todos los días, lo cual le hace conservarse en una gran forma para su edad. A pesar de que comenzó a correr a una edad relativamente tardía (33 años) ya ha completado varios maratones. Tiene pánico a las alturas.Una vez terminado un texto se lo hace leer a su mujer. Luego lo va corrigiendo hasta que ella le da su conformidad. "Es una crítica implacable" "Confío plenamente en ella. Además, si algo le gusta mucho luego cocina cosas deliciosas para mí".Es fan declarado de la serie perdidos (Lost). De hecho se ha comprado una casa en Hawái, cuna del Triatlón, en el mismo lugar donde se rodó la primera temporada de la serie. "La gente viene de vacaciones a Hawái. Yo vengo a correr y a trabajar, dos de las cosas que más me gustan". Quiere que su epitafio sea "Al menos no caminó nunca".

Cuando uno lee sus libros queda seducido por la proximidad de sus personajes, por un fino hilo que logra conectar de manera global todo lo que nos preocupa, nos altera, nos divierte y nos deprime: una soledad que nos acecha, el amor, el desamor, el sexo y el deseo, la juventud y la madurez, la pérdida, de no encontrar nuestro sitio en el mundo, la atracción y el miedo hacia la muerte... Dice también Murakami que sus libros funcionan mejor en mitad del caos. No sabe por qué, ni lo pretende. Pero es así. Empezó a escribir tarde para él y para sus amigos, y poco a poco ha ido seduciendo a los cinco continentes. Se ha convertido paso a paso y sin querer  en una especie de fenómeno de culto. Uno de esos escritores que sintonizan con inmensas minorías, con ejércitos de lectores que comparten su visión del abismo y la salvación, que esperan un nuevo título como la promesa de una palabra que reconforte.


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Entrevista a Haruki Murakami realizada por el periódico EL PAÍS para el suplemento dominical EL PAÍS SEMANAL

 


¿De qué se siente más orgulloso, de su bar en Tokio, de sus marcas de maratón, de sus 7.000 vinilos, de traducir a Scott Fitzgerald o de sus libros?

Lo que más me enorgullece es haber encontrado tantos lectores en todo el mundo. Llevo 30 años escribiendo, algo más. Los primeros 10 tenía pocos. Escribía para un grupo reducido, casi mis amigos y muy pocos más que me leían. No sé por qué, pero fueron aumentando.

¿Hasta que se convirtió usted en un fenómeno global?

Yo no lo pretendo. Primero escribo para mí, por satisfacción personal. Hacerlo me proporciona felicidad. Luego vi que les interesaba a unos pocos y se ha ido extendiendo.

Tanto, tanto, que no hay país que se resista a Murakami. Pero más que por su exotismo, por su proximidad. Cuando usted abre el bolso de una japonesa y miramos dentro, encontramos lo mismo que puede haber en el de una muchacha de cualquier gran ciudad.

Ehhh. Ummm. Cuando escribo una historia, no me planteo que vaya a impactar a un lector japonés o a un chino. Simplemente, me divierto haciéndolo. Las historias que planteo me resultan naturales, no las puedo explicar. Son muy íntimas, son muy personales, y cuando las escribo escarbo en mi mente, en mi alma. Eso, precisamente, por qué no, también las puede hacer globales. Puede ocurrir perfectamente. Lo que hay que tratar es ser auténtico.

A la vez que se adentra usted en sí mismo, ¿siente que profundiza en los temas que más preocupan al mundo?

No sé. Hablo de mí. Me conozco a mí mismo. Sólo digo que en cada libro voy más hacia abajo, más y más. Para conocerme mejor, me dirijo cada vez más al fondo del pozo. Metafóricamente. También me gusta romper muros. Traspasarlos. Ir hacia el otro lado y husmear. Luego vuelvo. Eso es escribir una novela. Acudir en busca de lo oscuro, de lo que no sabes de ti. Si lo intentas, puede salir bien. Si eres capaz de traspasar esas fronteras, puedes convertirte en alguien que interesa de manera global y encontrar almas comunes en Asia, en África. Si tienes la valentía de traspasar el muro, la frontera ante el que te sientes solo y desarmado. Atraviesas el muro y puedes convertirte en otro. Puedes ser más libre, además. En mis novelas trato de que ocurra eso.

¿Por eso le gusta tanto una serie como 'Perdidos'? Es más, se ha comprado usted una casa en la isla donde se rueda la serie.

Sí, sí, sí. Bueno, me gusta por eso y por más. ¿Tiene éxito en España?

Hay auténticos fanáticos.

A mí me gusta el misterio que le dan a los personajes, irles descubriendo poco a poco. El misterio y el surrealismo. Pero sobre todo me fascina lo inesperado. A mí me gusta hacer eso con mi escritura. Que nadie espere lo que pueda ocurrir. Además, creo que es muy fiel a ese sentido que le da todo al título.

¿Se refiere a que son seres perdidos y que a muchos de ellos les gusta precisamente esa condición?

Por ejemplo. Aunque muchos, como le decía antes, desean atravesar los muros y regresar, otros no, desean quedarse. Es algo que puede ser bueno. Esa huida. Yo soy un escritor optimista y en muchos, entre los personajes de Perdidos, encuentro ese optimismo, esas ganas de cambiar.

¿Por eso detesta a Mishima? ¿No lo encuentra optimista?

No me gusta su estilo.

¿Su estilo literario o su forma de ser?

Como lector, no me gusta. No he podido llegar hasta el final en muchos de sus libros.

¿No será que siente una necesidad, como gran escritor japonés de otra generación, de matar al padre?

No, no creo. Es que no me gustan sus libros, nada más. Tampoco su visión de la vida ni de la política. Nada. No me interesa nada.

¿Ese desprecio hacia Mishima ha agudizado su distancia del mundo literario japonés?

No les gusto, soy demasiado diferente a ellos. Por lo menos, a lo que ellos consideran que debe ser un escritor. Creen que todo lo que se escribe ha de estar supeditado a la belleza de nuestro lenguaje, a los temas de nuestra cultura. Yo no lo veo así. Yo utilizo la lengua como una herramienta. Una herramienta que puedo usar con mucha eficacia. Pero nada más. Por eso los críticos y los escritores me atacan. Yo busco una originalidad propia, alejada de lo que ellos pregonan. Tampoco frecuento sus círculos. No pertenezco a ningún grupo, y en Japón se supone que debes formar parte de alguno. Por eso me fui de mi país unos años.

¿Le puso furioso ese rechazo?

No, furioso no. Sencillamente me sentía extranjero en mi propio país.

Sin embargo, ahora se considera usted un genuino japonés. ¿Qué es eso? ¿Qué es ser un japonés hoy día?

Creo que los japoneses buscamos una nueva identidad. Después de la guerra nos enriquecimos y vivimos bien hasta 1995, cuando sufrimos una crisis tremenda. Todo se tambaleó. No habíamos vivido nada semejante en 40 años. En ese periodo pensábamos que la riqueza nos traería felicidad y satisfacción. Nos hicimos inmensamente ricos, pero no éramos felices. Ahora nos preguntamos: ¿qué debemos hacer?, ¿cuál es el camino hacia la felicidad? Todavía lo estamos buscando.

Japón vivió el preludio de lo que el mundo experimenta ahora. ¿Qué nos pueden aconsejar?

No sabría decirle. Lo que sí sé es que a raíz de las crisis algo raro ocurre con mis libros. Después de 1995, una mayoría cada vez más grande de lectores empezaron a apreciar mi trabajo en Japón. Después del 11-S, en Estados Unidos, también aumentaron mis lectores. En Rusia y en Alemania, lo mismo.

Y en España, después del atentado de Atocha, ha empezado a crecer. ¿Es usted un autor para tiempos de crisis?

En mitad del caos, la gente aprecia cada vez más mi trabajo. Es así.

¿No han estudiado eso en la universidad?

Mis historias se comprenden mejor en ese contexto, parece.

Puede que la gente, en momentos de caos, busque con más fuerza narraciones estructuradas, que tengan que ver con la música, como es su caso. ¿Sus libros le deben más a las lecturas que ha hecho o a los discos que ha escuchado?

En la época en que era dueño de un club, en Tokio, escuchaba música a todas horas, de la mañana a la noche. Así que la música inundó mi sangre. Escribo mis novelas como si interpretara un instrumento. No toco ninguno; de niño estudié algo de piano, y eso me ha servido para escribir.

Le veo tecleando el ordenador como si interpretara una sonata. ¿Tiene algo que ver?

Más o menos. Para mí, el ritmo en una narración es crucial. Soy muy consciente de eso, el ritmo, el ritmo. Cuando escribo, escribo. Agarro una imagen y la hago fluir. Muchas veces lo acometo como esas largas improvisaciones de jazz que no sabes cómo acabarán.

¿Y eso lo hace a las cuatro de la madrugada?

Sí, necesito silencio, que nada se interponga. Escucharme a mí, mis palabras y nada más.

Después se va a correr, a las ocho. ¿Cuando corre, sigue trabajando? ¿Sigue dándoles vueltas a sus historias?

Dejo mi mente en blanco, aunque a veces me asaltan cosas. Me gusta vaciar mi cabeza. Sólo me preocupo de correr, de ver el paisaje, de sentir el aire.

Y ese libro, con ese título: 'What I talk about when I talk bout running' ('De qué hablo cuando hablo de correr'), ¿de qué va?

Es una memoria. Empecé a correr hace 30 años, al mismo tiempo que la escritura. Y he corrido tanto... He hecho hasta un maratón de 100 kilómetros, triatlón. Así que empecé a escribirlo hace unos siete años y lo he acabado casi sin darme cuenta. Soy un corredor de fondo.

¿Por eso sus libros son tan gordos?

Sí, no puedo parar. Cuando escribes, necesitas confianza en ti mismo. La carrera de fondo te da eso, mucha confianza. La seguridad de que vas a terminar lo que has empezado. Si escribes narraciones más cortas, quizá no necesitas eso. Más en mi caso. Yo era un tío normal que de un día para otro comenzó a escribir, sencillamente. Un lector apasionado que de repente se puso a contar historias.

Parece que usted no responde al arquetipo de 'autor'. Más cuando provoca a las eminencias culturales diciendo que le ha influido tanto Dostoievski como Ken Follett. ¡Menudo escándalo!

Bueno, para que quede claro. Soy un hombre sencillo a quien le gusta vivir aparte. Pero sí me siento especial cuando escribo. Cuando no escribo, soy normal y quiero sentirme normal. Es más, si voy caminando por la calle y alguien viene a decirme algo, lo primero que pienso es: ¿por qué lo hará? Si yo soy un tío normal. Me hacen sentirme extraño.

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Daima 08/30/2009 09:18

Me gusta Murakami, pero... La primera novela que leí fué "Sputnik, mi amor". La segunda fué "After Dark" -- y las dos me parecieron demasiado "similares". Estoy al medio de "Crónica del pájaro que da cuerda al mundo", y por el momento, es mi novela preferida de Murakami.(es frustrante de no escribir un mejor español, para explicar precisamente lo que pienso de esté autor  )

Kenji 08/30/2009 14:17


 Tiene un estilo que repite en sus novelas y la verdad es que si, estas novelas de las que hablas son bastantes similares en cuanto a estructura.


Kanna 04/27/2009 22:21

Tengo que leer tokyo blues, que al final siempre lo aplazo.Es agradable leer reportajes sobre tantas cosas relacionadas con la cultura japonesa sin centrarse siempre en lo mismo, gracias!

Madarame 04/27/2009 18:05

Que lectura tan agradable. En serio, que una persona sea capaz de hacer esa crítica hacia la sociedad japonesa, me hace ver que no todo es lo que parece en el pais al que todos queremos ir.

Chon 04/27/2009 17:59

Yo nunca he leído a autores japoneses. Es posible que me gusten los libros de este escritor. Espero que me guste. Gracias por la recomendacion.

LoL 04/27/2009 13:59

Buen reportaje, por lo menos no has puesto las cosas míticas que suelen poner de los escritores, que aveces son un peñazo.